lunes, 23 de agosto de 2010

Mi sonrisa dibujada.

Mi sonrisa dibujada.


Elijo el salón perfecto ubicado en un barrio elegante, a mano de todo. Sobre una calle ancha, transitada, cerca de varias paradas de colectivos. De esa manera evito el pánico de los que temen andar por algunos barrios de la ciudad. Por la inseguridad de hoy, claro está.
El salón tiene varios ambientes, bien distribuidos. En uno de ellos están colocados unos hermosos sillones blancos aterciopelados. Cómodos. Para pasar una noche relajada. Sillones que me hacen acordar a los del living de mi casa, la única diferencia es que los míos son negros.
La gente de mi edad no sentirá el peso de las horas si están cómodamente sentados. Los más jóvenes, podrán ocupar las banquetas o los lugares para sentarse al aire libre.
Hay un jardín repleto de árboles y bien iluminado. Las enredaderas trepan por el infinito de las paredes. Sus vidas no tienen fin, continúan y continúan.
“Estacionamiento exclusivo, seguridad las veinticuatro horas, calidez y atención personalizada”, reza la oferta de la empresa por la que me decido. Acá se dibuja mi primera sonrisa. Me gusta mi elección. Al fin de cuentas me la merezco.
Quiero que todos estén cómodos, mis invitados y los que no lo son, porque siempre cae alguno a “caretear”.
Esta es una fiesta muy especial para mí. Ojalá todos se queden con el mejor recuerdo de esta fiesta.
Los primeros invitados empiezan a llegar. Cada uno viene a saludarme. Los recibo con una sonrisa dibujada, se acercan, me besan y algunos me abrazan.
Hablando de caretear. -Ahí viene Julián, mi compañero de trabajo, ese imbancable tampoco se la pierde. Quisiera no saludarlo, pero al acercarse no tengo más que mostrarle mi sonrisa dibujada.
Me imaginé que una de las primeras en llegar sería Consuelo con sus pinturas sobresaliendo a su cara y Jerónimo, su marido, siempre gordo y mal vestido. Y sí, ahí están los dos entonando sus frases tan vulgares.
En la sala principal se encuentra el mobiliario más importante, el que no puede faltar. Realizado totalmente en madera de cedro natural con hermosos herrajes florentinos. Bordes ondeados y buen tapizado. De buen gusto.
Mis hijos se lo pasan alrededor de mí. Yo sé que llevo en mis huesos algo más de medio siglo, pero no es para que se me pegoteen tanto. Son muchas personas y me están asfixiando. Si pudiera escapar y salir corriendo dejaría tirada en el piso mi sonrisa dibujada.
¡Cuánta gente! De todas las edades.
Y yo sigo con mi sonrisa dibujada. Mi sonrisa parece estar dibujada sobre un mármol de carrara, se enfría a medida que corren con furia las agujas de los relojes. De todos modos estoy bien, radiante.
La fiesta recién empieza. Tenemos para unas cuantas horas. Es mi antojo, lo quiero así.
Quisiera que este agasajo durara una eternidad. Si pudiera amuraría todos los tiempos, todas las cosas y haría un stop en mi mundo de hoy.
La gente entra, sale, se mueve, va al jardín, toma un trago, come un sándwich. Más tarde llegan el café y las masitas finas.
Está entrando Marcela, es mayor que yo pero no se pierde una, quien la ha visto y quien la ve. Ese vestido a rayas con el moño rojo me parece horrible. Nunca tuvo buen gusto para vestirse, menos lo va a tener ahora que ya está algo vieja. Porque ésta siempre miente su edad, pero yo no me la olvido.
Al fin llega Martina mi compañera de secundaria. Bien escotadita que se vino la señora.
Desde mi lugar los puedo ver a todos y a cada uno. Escucho las risotadas de Ismael, siempre tan burdo. Podría ser un poco más caballero, dada la situación.
La música de fondo es tranquila. Preferiría ponerle más movimiento al entorno pero me dicen que no da para este acontecimiento. Tantos hombres y nadie se atreve a invitarme a bailar, tendré que ser yo la primera. Deben esperar que de la voz de largada. Me olvidé de comprar el cotillón. Convengamos que nunca me gustaron mucho las fiestas.
Todo lo adornan con demasiadas flores. Eso no me gusta, no me interesan demasiado las flores. Esas calas que están en el jarrón pegado a la columna aquella me desagradan. Menos mal que hay unas rosas rojas de ésas que me gustan.
En toda fiesta siempre falla algo. Esto es muy común.
El desfile es mucho, van llegando todos los invitados. Parece que en este sábado a la noche no tienen otra salida más interesante.
Los miro a todos y a cada uno, siempre con mi sonrisa dibujada. Un bosquejo de sonrisa que se pasea por todo el lugar, abraza a algunos y abofetea a otros. Habla, pregunta, se inquieta. Es capaz de sentir a través de la piel los pasos de las agujas del reloj que tengo puesto.
Me estoy aburriendo de mi sonrisa dibujada. Estar así tan en pose para la presentación ante todos, me pone incómoda. Pero no puedo hacer otra cosa. La fiesta ya empezó y debe seguir hasta el final.
Corre un aire fresco que se asoma desde el jardín y me trae el aroma de alguna de esas flores que en cualquier momento me van a hacer estornudar. Mejor no me muevo mucho porque se me va a correr la pintura y tengo que dar una buena imagen. Así todos se irán felices.
Seguro que de más de uno recibiré una crítica o algún comentario nada halagador. La verdad es que no me importa, ya no me importa.
Amanece.
Las tazas de café corren como un río caudaloso hasta el precipicio más cercano.
Esas calas del jarrón parecen estirarse cada vez más para mirar mi cara. No me gustan nada, ni poco, ni mucho.
De repente se colma el lugar.
La fiesta está llegando a su fin.
Ya me acostumbré a mi sitio. Por suerte elegí un tapizado bien mullido con detalles que lo embellecen como es una puntilla elastizada blanca.
Se acercan dos caballeros con traje gris y moño negro. Para aliviar los instantes críticos realizan un moderno procedimiento de sellado que reemplaza a la tradicional soldadura.
Y sigo con mi sonrisa dibujada la que ahora encierran en mi féretro elegido.

GRACIELA AMALFI


4 comentarios:

  1. quiero más!!!! No puedo evitar escuchar tu voz, ver tus gestos y esa sonrisa socarrona que se asoma entre tus frases. Bravo literata!!! Tu siempre anónima amiga LILI

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  2. Ay,ay,ay...mi querida boticaria...yo creo que el Laudano y el LSD te estan haciendo escribir estas cositas...
    Pero bien eh!!... me gusto...de a poco va destilando su talento...
    Pablin.

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  3. Ese es el resumen o el cuento completo

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    Respuestas
    1. Hola, es el cuento completo. Está en mi primer libro "Des palabras armando". Gracias por pasar.

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