sábado, 11 de febrero de 2012

Kumiko... el libro.

HOLA AMIGOS ACÁ ESTAMOS CON OTRO CAPÍTULO DE "KUMIKO,MUJER SIN TIEMPO"... Y YA FALTA POCO PARA LLEGAR AL FINAL DE LA NOVELA.
SABEN QUE AQUELLOS QUE NO TIENEN EL LIBRO LA PUEDEN LEER EN ESTE BLOG, DEBEN HACERLO YENDO A LAS PUBLICACIONES MÁS ANTIGUAS... LA PRIMERA PUBLICACIÓN LLEVA MÁS DE UN AÑO... JUSTAMENTE CUANDO KUMIKO SE ESTABA GESTANDO... TODOS INVITADOS.


NOTICIAS BOTICARIAS:

MIÉRCOLES 15/02 A LAS 21.30 HS ESTARÉ PRESENTANDO MIS HISTORIAS CUENTERAS EN EL CENTRO CULTURAL DE LA PALOMA/ URUGUAY... CON MÚSICA DEL CANTANTE POPULAR SERGIO "EL NEGRO" MUNIZ.



MARZO EN LA FERIA DEL LIBRO INDEPENDIENTE Y AUTOGESTIVA ( F.L.I.A.)...BUENOS AIRES/ARGENTINA. 

MARZO 16 A LAS 18.30 HS EN EL TEATRO LIBERARTE...AV. CORRIENTES 1555... UNA REUNION DE AMIGOS, CON UN PAR DE LECTURAS, MUSICA EN VIVO... EN LA PRESENTACION DE MI LIBRO "AMANECERES" / DOS HISTORIAS CORTAS. COMO SIEMPRE EDITADO POR MILENA CASEROLA ...

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA.... COMO SIEMPRE









KUMIKO…  EL LIBRO




   Las personas a las que accedí, fueron innumerables, tanto como los personajes que él había creado.
   Llevaba cuatro meses de trabajo diario, de noches enteras, de domingos encerrados.
   Un par de llamados telefónicos a París, permitieron aclarar alguna duda que daba vueltas por mi cabeza. Como saber si había vuelto a ver a su padre, luego del temprano abandono.
   Marcelo leía cada capítulo. Me guiaba y ayudaba con sus comentarios.
   El catorce de enero de 1969 la biografía estaba terminada. No cabía una palabra más. Esa misma noche, presenté mi trofeo a Horacio, el dueño de la editorial.
  Dos meses después vi el libro, con un rostro gigante de Cortázar, en las mismas librerías que había recorrido con María, en mi principio porteño.
  Mi nombre escrito en la parte derecha de la tapa, pegado al suyo, se reflejaron en mis ojos de un modo imposible de expresar con palabras.
 Cortázar-Kumiko…Kumiko-Cortázar… ¡Qué dupla! No, no lo podía creer. Nunca lo hubiera creído.
   Cuando sus dedos largos, tocaran el primer ejemplar que llegara a sus manos, su sonrisa correría por su cara para acomodar ese par de anteojos sabios, y un comentario con olor a famas y cronopios sería lanzado al aire. Hubiera querido estar ahí enfrente de él y entregárselo yo misma. Pero, no pudo ser. Esto sería para mi próxima vez… en esta vida o en la otra si es que de verdad existe.
   Un templado día de abril sonó el teléfono de casa. Yo no podía atender. El agua de la ducha inundaba mi cuerpo envuelto en espuma. El rin insistía. Envuelta en un toallón, salí corriendo hacia el aparato negro, intentando calmarlo. Cuando levanté el tubo oí el tono que recién comenzaba del otro lado. Habían cortado. Mis pisadas en el piso y mi pelo chorreando agua limpia, no llegaron a tiempo. No tenía modo de saber quién me había llamado.
    Dos horas más tarde, Horacio me dio la noticia, el escritor había intentado comunicarse conmigo, pero nadie lo atendió en mi casa.
   Nunca odié tanto a mi baño diario, a mi toallón y a la espuma, como ese día. Había perdido la oportunidad de hablar con él, de escucharlo, de conocer su opinión acerca del libro.
   Pero me equivoqué… tendría otra oportunidad. Al día siguiente, volvió a sonar ese aparato viejo y ruidoso. Del otro lado apareció su voz que chocó con la mía. Sus palabras entraron a mis oídos y dieron vueltas por donde se les ocurrió. Hablé, sé que hablé mucho, pero hoy no puedo recordar qué fue lo que le dije, ni qué me dijo. Sólo suenan en mis oídos las “r” gastadas, su voz única y un esbozo de sonrisa como la que tenía Oliveira.
    Se sumergió en su historia… desde el útero en Bruselas hasta el último avión en Buenos Aires. Y esas charlas con sus amigos escritores y esos personajes que alguna vez él había creado. Todo llenó de bruma su presente. Una historia y otra y otra más, se mezclaban entre su realidad y una ficción de ajenos. Entraba y salía de y hacia un mundo mentiroso y cierto, de y hacia un mundo que él había inventado a veces y recorrido otras.
   Cerró el libro. Sus anteojos se fueron a descansar en la mesa ratona que estaba al lado del sillón. Era suficiente por hoy.
    Su historia había terminado…



Extraído de "Kumiko, mujer sin tiempo".
Autora: Graciela Amalfi.

1 comentario:

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