lunes, 27 de febrero de 2012

Amaneceres... Capítulo I

HOLA AMIGOS MÍOS !!!!!!!!!!!!!!!!!

EN ESTOS DÍAS ENTRA A IMPRENTA MI PRÓXIMO LIBRO TITULADO "AMANECERES"... DOS HISTORIAS CORTAS. 

COMO SIEMPRE CON LA CO-EDICIÓN DE MILENA CASEROLA Y )EL ASUNTO(.
EL COMENTARIO DE LA CONTRATAPA FUE REALIZADO POR EL ESCRITOR DIEGO ARBIT.

EL VIERNES 16 DE MARZO ESTÁN TODOS INVITADOS A LA PRESENTACIÓN DE ESTE MI  TERCER LIBRO... 

LUGAR : TEATRO LIBERARTE/ AV. CORRIENTES 1555/ CIUDAD DE BUENOS AIRES.
HORA : 18.30 A 21.00 hs.

ADEMÁS DE ALGUNA CHARLA INFORMAL REFERENTE A LAS HISTORIAS ESCRITAS  Y OTRAS LECTURAS... TENDREMOS MÚSICA EN VIVO.

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA!!!!!!!!!!!!!
TODOS INVITADOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Hoy comienzo a publicar los distintos capítulos de la primera historia... como es mi costumbre, seguiré haciéndolo hasta el final... que les guste y  espero sus comentarios.
Graciela Amalfi.


Amaneceres.


Amanecer I


  
        Alejo está a punto de tocar el saxo. El instrumento quiere sentir otra vez el roce de sus dedos y de sus labios. Entre ambos se diseña un juego de musas disparadas.
    Son las seis de la tarde, en un rato llegará Milena, hoy no irá a la facultad. La habitación está un poco desordenada, por lo que él prefiere dejar el paisaje de la música para más tarde. Los sillones gastados esperan su turno, serán enfrentados, como las otras veces. El velador de pie largo que está en el rincón de nuevo no funciona, siempre alguien se olvida de cambiar la lamparita. Hoy no entregará su luz y sentirá  vergüenza otra vez.
     Suena el timbre acompasado de emociones y vibraciones insospechadas.
     Milena sube la escalera corriendo y abraza a su amigo, quien la espera al lado del pequeño escritorio, el que alguna vez le regaló su abuelo. La chica saca de su mochila una gaseosa y la pone en la vieja heladera de la cocina.
     Ambos toman un cuaderno para anotar sus proyectos y compromisos.
     Falta Martín para completar la reunión, esa “convención” de músicos que en unos días tocará en el teatro del barrio.
     A las siete el grupo “Corcheas buscadas” ya está armando notas, escupiendo letras y saboreando colores con olor a sonidos.
     Las paredes sienten el temblor de soles, de re, de fa, de notas agazapadas que las caminan con fragancia a dulzura. El piano, el saxo y la percusión arman una ronda alrededor del salón. Los tres instrumentos como bípedos desorientados, llegan a un mundo de fantasía. Los colores vuelven a mezclarse con sonidos dispares, el amarillo con los “re”, el azul con los “fa”, el rojo con el “sol” que se escapó hace un rato por la ventana de atrás.
    El concierto es perfecto.
    Ríen los tres.
    Suenan los tres.
    Los jóvenes y su diosa de la música llegan a la intimidad cuando ejecutan la sinfonía final. El ensayo continúa. Se olvidan de la escasa luz, de la bebida congelada, del cuaderno sin rayas.
    El humo del cigarrillo los inunda y los aprieta, los huele y los mama. Las musas danzantes atraviesan los ladrillos desnudos recorriendo las casas del vecindario.
    A la medianoche ellos deciden descansar. Las corcheas caen al piso como desde un precipicio y los colores con los sonidos vuelan en medio de un aire relajado y tenue.
    Mientras los instrumentos empiezan a dormirse, Milena, Alejo y Martín se desparraman en los sillones.
    Amanece…

Extraído del libro "Amaneceres".
Autora Graciela Amalfi. 

jueves, 23 de febrero de 2012

Kumiko... el regreso. FIN.

AMIGOS MÍOS PARA TODOS LOS QUE SIGUIERON  ESTA HISTORIA POR EL BLOG... ACÁ VA EL ÚLTIMO CAPÍTULO, PARA AQUELLOS QUE LO LEYERON EN EL LIBRO LO PUEDEN HACER OTRA VEZ...
GRACIAS POR HACER QUE ESTE PERSONAJE DE PAPEL "KUMIKO"... HAYA PODIDO TRAZAR SU HISTORIA POR MEDIO DE  LA LECTURA DE CADA UNO DE USTEDES.



KUMIKO…  EL REGRESO
 
   Mi historia también es suficiente. Me metí en medio de recuerdos que quise atrapar y sólo pude jugar con ellos un rato.
 Jugar y pelear. Rebeldes y fugaces como yo, iban y venían. Rebotaban en una mente gastada por los años, pero viva y audaz, como lo había sido siempre.
    Desde la ventana del café leo el cartel con el nombre de la calle Fray Justo Santa María de Oro 3000-3100. Son las nueve de la mañana, la ciudad amaneció soleada y algo fresca. Logro abstraerme de las charlas, gritos confusos y palabras desarticuladas de la gente que me rodea en la confitería.
   Tengo el celular cerca de mis manos arrugadas, las que esperan el llamado de mi nieta, ella está haciendo los trámites en el Consulado de mi país, con la intención de radicarse allá.
   En un mes nos iremos juntas.
   Estoy feliz.
   Regresaré a Estados Unidos en donde pasaré mi vida hasta el final. Milena también está feliz, dice que vivirá unos años en ese lugar, lo dijo desde que era muy chica. Hoy a sus veintitrés años lo empieza a cumplir.
  -Abuela ya paso a buscarte, terminé de hacer todo-. Sale su voz desde mi teléfono.
  -Ok, te espero-. Contesto con una sonrisa satisfecha.
   Al abrir la puerta, ella entró con ese aire que le contagié desde el nacimiento.
    Ese aliento de rebeldía que heredó de Marcelo y de mí. Sus abuelos, sólo ellos, nosotros dos, pudimos trasvasar a sus venas el correr alocado de una sangre libre, irreverente y aventurera. Otra vez se repetía la historia: Nieta/ Abuelo, Nieta/Abuela.
   No puedo evitar firmar dos ejemplares de mi última novela, la séptima. Mis lectores son muy preciados para mí.
   Ambas compartimos jugo, café, tostados, y una charla muy larga.
  -Ya está todo listo, estoy emocionada-,  me dice.
    Sus palabras remontan mi pensamiento a los años que se pasaron tan rápido, pero que dejaron tanta felicidad en el camino.
…………………………………………………………………………

   El viaje se hace corto, contrarrestando con una ansiedad más que larga y emotiva. Nos instalamos en la casa de mi infancia.
  Ahora sí, los recuerdos pierden su mordaza para hablar y gritar y llamar a todos mis años. Esos años que se amontonan y se apilan y se juntan.
   Estoy sentada en mi sillón de paja, con mis gafas y mi sombrero, debajo de ese árbol cuya semilla germinada se muestra  delante de mí… Inmenso, soberano, poderoso. Gigante.
   “Piensa, Kumiko, piensa”, retumban en mi cabeza las palabras del abuelo una y otra vez.
    “Piensa”.
…………………………………………………………………………

Su piel, sus manos, sus ojos, acompañaron a esa bella vida ,la que decidió llegar a la meta, con la paz de quien vivió con pasión y libertad.
 Siempre…
Kumiko…  mujer sin tiempo.

FIN.



Extraído de la novela "Kumiko, mujer sin tiempo".
Autora : Graciela Amalfi.
ISBN 978-987-33-1113-0
Derechos reservados.

sábado, 11 de febrero de 2012

Kumiko... el libro.

HOLA AMIGOS ACÁ ESTAMOS CON OTRO CAPÍTULO DE "KUMIKO,MUJER SIN TIEMPO"... Y YA FALTA POCO PARA LLEGAR AL FINAL DE LA NOVELA.
SABEN QUE AQUELLOS QUE NO TIENEN EL LIBRO LA PUEDEN LEER EN ESTE BLOG, DEBEN HACERLO YENDO A LAS PUBLICACIONES MÁS ANTIGUAS... LA PRIMERA PUBLICACIÓN LLEVA MÁS DE UN AÑO... JUSTAMENTE CUANDO KUMIKO SE ESTABA GESTANDO... TODOS INVITADOS.


NOTICIAS BOTICARIAS:

MIÉRCOLES 15/02 A LAS 21.30 HS ESTARÉ PRESENTANDO MIS HISTORIAS CUENTERAS EN EL CENTRO CULTURAL DE LA PALOMA/ URUGUAY... CON MÚSICA DEL CANTANTE POPULAR SERGIO "EL NEGRO" MUNIZ.



MARZO EN LA FERIA DEL LIBRO INDEPENDIENTE Y AUTOGESTIVA ( F.L.I.A.)...BUENOS AIRES/ARGENTINA. 

MARZO 16 A LAS 18.30 HS EN EL TEATRO LIBERARTE...AV. CORRIENTES 1555... UNA REUNION DE AMIGOS, CON UN PAR DE LECTURAS, MUSICA EN VIVO... EN LA PRESENTACION DE MI LIBRO "AMANECERES" / DOS HISTORIAS CORTAS. COMO SIEMPRE EDITADO POR MILENA CASEROLA ...

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA.... COMO SIEMPRE









KUMIKO…  EL LIBRO




   Las personas a las que accedí, fueron innumerables, tanto como los personajes que él había creado.
   Llevaba cuatro meses de trabajo diario, de noches enteras, de domingos encerrados.
   Un par de llamados telefónicos a París, permitieron aclarar alguna duda que daba vueltas por mi cabeza. Como saber si había vuelto a ver a su padre, luego del temprano abandono.
   Marcelo leía cada capítulo. Me guiaba y ayudaba con sus comentarios.
   El catorce de enero de 1969 la biografía estaba terminada. No cabía una palabra más. Esa misma noche, presenté mi trofeo a Horacio, el dueño de la editorial.
  Dos meses después vi el libro, con un rostro gigante de Cortázar, en las mismas librerías que había recorrido con María, en mi principio porteño.
  Mi nombre escrito en la parte derecha de la tapa, pegado al suyo, se reflejaron en mis ojos de un modo imposible de expresar con palabras.
 Cortázar-Kumiko…Kumiko-Cortázar… ¡Qué dupla! No, no lo podía creer. Nunca lo hubiera creído.
   Cuando sus dedos largos, tocaran el primer ejemplar que llegara a sus manos, su sonrisa correría por su cara para acomodar ese par de anteojos sabios, y un comentario con olor a famas y cronopios sería lanzado al aire. Hubiera querido estar ahí enfrente de él y entregárselo yo misma. Pero, no pudo ser. Esto sería para mi próxima vez… en esta vida o en la otra si es que de verdad existe.
   Un templado día de abril sonó el teléfono de casa. Yo no podía atender. El agua de la ducha inundaba mi cuerpo envuelto en espuma. El rin insistía. Envuelta en un toallón, salí corriendo hacia el aparato negro, intentando calmarlo. Cuando levanté el tubo oí el tono que recién comenzaba del otro lado. Habían cortado. Mis pisadas en el piso y mi pelo chorreando agua limpia, no llegaron a tiempo. No tenía modo de saber quién me había llamado.
    Dos horas más tarde, Horacio me dio la noticia, el escritor había intentado comunicarse conmigo, pero nadie lo atendió en mi casa.
   Nunca odié tanto a mi baño diario, a mi toallón y a la espuma, como ese día. Había perdido la oportunidad de hablar con él, de escucharlo, de conocer su opinión acerca del libro.
   Pero me equivoqué… tendría otra oportunidad. Al día siguiente, volvió a sonar ese aparato viejo y ruidoso. Del otro lado apareció su voz que chocó con la mía. Sus palabras entraron a mis oídos y dieron vueltas por donde se les ocurrió. Hablé, sé que hablé mucho, pero hoy no puedo recordar qué fue lo que le dije, ni qué me dijo. Sólo suenan en mis oídos las “r” gastadas, su voz única y un esbozo de sonrisa como la que tenía Oliveira.
    Se sumergió en su historia… desde el útero en Bruselas hasta el último avión en Buenos Aires. Y esas charlas con sus amigos escritores y esos personajes que alguna vez él había creado. Todo llenó de bruma su presente. Una historia y otra y otra más, se mezclaban entre su realidad y una ficción de ajenos. Entraba y salía de y hacia un mundo mentiroso y cierto, de y hacia un mundo que él había inventado a veces y recorrido otras.
   Cerró el libro. Sus anteojos se fueron a descansar en la mesa ratona que estaba al lado del sillón. Era suficiente por hoy.
    Su historia había terminado…



Extraído de "Kumiko, mujer sin tiempo".
Autora: Graciela Amalfi.

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