lunes, 3 de enero de 2011

Los cuatro libros.









Los cuatro libros.
de Graciela “boticaria” Amalfi


Salía de la biblioteca tambaleando. Las páginas apresuraban mi paso. Tropecé en el escalón que estaba en la mitad del salón. Tu madre alejó su mirada de mí como una nube que le escapa al sol del mediodía. Yo preferí caminar más rápido y no detenerme ante su presencia. Los libros pesaban en mis brazos como un montón de escombros agrietados. La distancia a la puerta principal se hacía cada vez más larga. El aire de las hojas amarillas me sofocaba. Quería huir rápido del lugar pero mis pies parecían encadenados por un aroma de nostalgia.
Al entrar, Elena, me había preguntado qué hacía ahí. No me animé a contestarle. Preferí que mis actos se lo dijeran frente a sus ojos azules. Mis movimientos rápidos e inseguros la ofuscaban, le ponían los pelos de punta. Qué podía estar haciendo ahí el que se había llevado a su hija de su casa.
Para ella yo siempre sería un descarado, entrometido y ladrón.
Las estanterías se paseaban entre mis manos como dibujando una danza de niñas correctas y pulcras. A Elena ese bosquejo a baile le recordaba a su hija alejada. Sus pies corrían a mi entrada y a mi búsqueda. Entre los estantes la respiración de los dos se entrecruzaban como mezclándose en medio de una incomprensión compartida.
Nuestras bocas estaban mudas. Se oían sus pasos calculados y mis pisadas titubeantes. Los pasillos que separaban las estanterías parecían verdaderos túneles de terror, un laberinto sin final.
La fila de libros se hacía gigante delante de mí y ellos parecían burlarse en mi propia cara.
Había cuatro que yo debía encontrar, sólo cuatro. Me habías indicado el lugar exacto en donde podría encontrarlos o mejor los lugares exactos. Porque todos estaban en diferentes sectores. Así fue por años “para engañar a mi madre”, según me decías. Bibliotecaria de tiempos que conocía hasta el más pequeño grano de polvo acumulado en cualquier rincón de las estanterías viejas y ruidosas.
Llegué al primero, lo agarré con mi mano derecha, no emití ninguna palabra. Lo mismo pasó con los otros dos, pero cuando llegué al cuarto una brisa a modo de viento al galope hizo caer a los tres. Casi temblando abracé al tesoro ya completo y emprendí mi salida.

Al poner mi mano en el picaporte de la puerta destartalada, tu madre dio dos vueltas de llave a la cerradura. Mi escape se había truncado. La mujer audaz y caprichosa me ganó esta vez.
Seguro estarás diciendo que perdí tu diario íntimo partido en cuatro.
Seguro estarás pensando que me distraje por ahí.
Seguro no te imaginás que frío que hace en esta biblioteca de pueblo.
Seguro no creerás que estoy aquí con una suegra vengativa y un manojo de llaves arrojado en un túnel que acabo de descubrir.

GRACIELA “Boticaria” AMALFI- 1 º DE ENERO DE 2011

3 comentarios:

  1. Muy bueno Gra! Inquietante hasta el final...Gracias por compartirlo. Besos!

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  2. Hola Gra:
    ¡Muy buen comienzo de año!
    Intrigante.
    Felicitaciones
    Nieves

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  3. Interesante e importante. Buen inicio 2011. Creadores Argentinos

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Apegos feroces, de Vivian Gornick