miércoles, 28 de diciembre de 2011

Kumiko... pensando en su vida futura.

AMIGOS...

.ACÁ VA OTRO CAPÍTULO DE  "KUMIKO, MUJER SIN TIEMPO", PARA AQUELLOS QUE NO TIENEN EL LIBRO O PARA LOS QUE LO TIENEN Y QUIEREN VOLVER A LEERLO.

  MIS LIBROS AHORA ESTÁN EN LAS SIGUIENTES LIBRERÍAS :

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Kumiko…  pensando en su vida futura




  Llegó el día de mi cumpleaños. María había preparado una fiesta sorpresa. Yo llevaba

seis meses en su casa. Me sentía cómoda, pero interiormente sabía que quería vivir

sola. Mi trabajo como correctora literaria, no me significaba el dinero suficiente para

alquilar un departamento, tendría que dedicarme a otra actividad  más rentable.

  De a poco, a la casa iba llegando gente para festejar un cumpleaños al que yo hubiera 

preferido ignorar. No tenía otra alternativa más que mostrarme feliz y agradecida. María 

se lo merecía y el resto también.

  La entrada de René con su nueva novia me disgustó un poco, no puedo dejar de 

confesarlo. Lo prefería solo. Puro egoísmo el mío. Él seguía siendo, y lo sería 

siempre, el instrumento que la vida había cruzado en mi camino para que yo llegara a la 

Argentina. 

   El regalo de cumpleaños de René, fue el más valioso para mí, no sé si por ser su 


último regalo o por el contenido literario del mismo. Eran dos libros de cuentos de Julio 


Cortázar y su reciente novela. Esa novela que había quebrado la literatura de toda una


época. Hacía poco tiempo que su “Rayuela” se dibujaba por primera vez en una vereda 


de barrio. Las rayuelas inundaban las calles de Buenos Aires, y empezaban a cruzar 


 fronteras de la mano de La Maga, llegando a una Francia dormida y titilante. A esa 


Maga, la gran París, recibiría para tirar en un rincón sobre un puente cualquiera.


   Los amigos de María eran muy amables conmigo. Algunos ya me conocían. Mabel, la 


novia de René, se acercó para charlar, antes había oído que yo escribía y se interesó 


por saber qué cosas escribía, qué hacía en Buenos Aires, por qué había dejado mi país. 


Contarle brevemente mi vida no me resultó tedioso, al contrario, me agradó a pesar de 


las faltas y ausencias que me recorrían en esos últimos meses. La chica me comentó 


que su padre era dueño de una editorial, y que si me interesaba, ella podría hablar con 


él, para que me diera un puesto de correctora literaria en el lugar, con un sueldo mayor 


al que yo percibía en ese momento.

  Nunca supe el motivo por el cuál René se disgustó por la conversación de nosotras. 


Sólo vi sus gestos hacia su novia haciendo señas para que ella se le acercara. La joven 


lo miró con desconcierto y siguió la charla conmigo. Esta actitud le molestó mucho al 


hermano de María y llamó a Mabel a los gritos, como si nadie lo oyera.


  Todos, nos quedamos sin ganas de decir una palabra. Su modo de actuar no parecía 


deberse a un trago de más, sino a un problema psíquico bastante importante.

  Los años me fueron explicando que ésa no era la primera vez que él actuaba así, me 


fueron explicando por qué todavía sigue internado en un neuropsiquiátrico. Lo que no 


supieron mostrarme es la razón por la que su familia ocultó esos arrebatos. Y yo, yo 


misma, Kumiko, no me explicaba, cómo no había detectado algo raro en él, después del 


cachetazo que recibí de su parte, aquel día, en el que nos vio besándonos a Marcelo y a 


mí, en la vereda de su casa.


  Cumplí un nuevo año de vida, René pasó a ser un capítulo cerrado… para siempre.


   Autora: Graciela Amalfi.
                Extraído de "Kumiko, mujer sin tiempo". 
                ISBN 978-987-33-1113-0
                Co-edición : Milena Caserola y )el asunto (

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